La Isla del Burro

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Herencia de la historia en el Lago de Valencia

Isla del Burro

Isla del Burro

Conocida y anónima a la vez, La Isla del Burro es la más grande de las 22 islas que tiene el Lago de Valencia y se divisa desde cualquier punto elevado de la capital aragüeña. Durante años, los maracayeros han sido presos de la fascinación que existe en torno a las ruinas de la cárcel ubicadas en su extensión, la cual está estrechamente vinculada a los hechos de tortura ocurridos en la era post-gomecista y que en la actualidad es un invaluable asidero de la historia venezolana custodiado por las aguas del lago.

La isla se encuentra localizada en la porción centro sur del Lago de Valencia y tiene como población de tierra firme más cercana a Güigüe, del estado Carabobo. Con una longitud aproximada de dos kilómetros cuadrados y una altitud de 470 metros sobre el nivel del mar, la Isla del Burro, tiene temperaturas que oscilan entre los 25 y 30 grados centígrados, aunque quienes la visitan, podrían sentir mucha brisa y un sol intenso que emulan las condiciones de la costa.

Su vegetación es equivalente a la de un bosque seco tropical, donde los árboles y plantas predominantes son; Cují, Ceiba, Jabillo, Indio Desnudo y Matorral, que sirven de hogar a una gran variedad de reptiles y aves que anidan en la isla, como las cotías, el cristofué, el carpintero y los zamuros, siendo esta última especie, la que literalmente reina en el lugar.

UN BURRO DURMIENTE

Una de las particularidades más resaltantes de la isla, es su curioso nombre, sobre el cual se dice que le fue colocado por el hecho de que tiene la forma de un burro durmiendo; eso si es vista desde una altura considerable. Aunque quizá no todos puedan sobrevolarla, en las imágenes satelitales se puede observar su forma y cada quien juzgará si se trata de un enorme animal soñando sobre las aguas del lago. En este sentido, también destaca el hecho de que en el lugar también hay burros, los cuales conviven con algunas vacas y toros que se pasean libremente por la isla, a donde llegaron en circunstancias que resultan difíciles de precisar.

LA CÁRCEL DE LA ISLA

Pese a los hermosos paisajes naturales de la Isla del Burro, lo que más resalta y despierta la curiosidad de quienes escuchan hablar de ella, es el hecho de que en el lugar, se erigió una inhóspita cárcel que en tiempos de Juan Vicente Gómez, fue usada para albergar presos comunes.

Posteriormente, en la década de 1950, funcionó como un internado y correccional para adolescentes, y luego, durante el conflicto guerrillero entre 1960 y 1970, la instalación sirvió como escenario de la adversidad, cuando albergó a una gran cantidad de presos políticos de la época.

En la prisión, conformada por una especie de barracas y áreas comunes construidas en uno de los puntos más elevados de la isla, estuvieron recluidos hombres como el actual contralor general de la República, Clodosvaldo Russian, quien pasó cinco años y dos meses confinado, junto a otros que fueron detenidos por el Gobierno de la época.

TRAGEDIA HUMANA Y AMOR DISTANTE

Cuentan que las torturas que tenían lugar en la cárcel, aunado al aislamiento, provocó la desesperación de algunos prisioneros que intentaban escapar arrojándose a las aguas del lago en horas de la noche, abrazados al tronco de un platanal, o nadando.

Muchos morían en los intentos de evadirse, mientras otros afrontaban largos días de confinamiento, donde era frecuente el tráfico de artículos de prensa y libros -muy valorados por los presos políticos- a quienes se les prohibía la tenencia de material intelectual, con el que pudieran conectarse con el mundo exterior.

Las tragedias humanas que vivieron estos reclusos son pocos comentadas, en comparación con su condición de presos políticos. En algunas paredes de las estrechas celdas, además de los numerosos agujeros que parecieran haber sido producidos por balas, hay algunas notas de amor muy conmovedoras talladas en el concreto, dirigidas a esas mujeres que fueron extrañadas por sus hombres presos.

Hay que buscar bien, para observar los “te quiero, te extraño”, y un “te amo con toda mi alma pese a la distancia”, acompañados del nombre de alguna dama y fechados entre los años 1950 y 1960. En los muros también quedaron marcadas las líneas que servían a los reos para llevar la cuenta de los días.

RUINAS REPLETAS DE PASADO

A principios de la década de 1980, cuando cesó su funcionamiento como cárcel, las instalaciones de la prisión se fueron deteriorando. Gran parte del techo colapsó con el tiempo, lo que dejó al desnudo los muros de concreto, rejas, sanitarios, lavaderos y otras habitaciones. Aún en ruinas, se puede observar la fortaleza de los materiales de la construcción y su impecable arquitectura, que está rodeada de extensiones de tierras y vegetación, donde deambulan tímidamente decenas de especies animales.

PARA LLEGAR A LA ISLA

Visitar la Isla del Burro, todavía no es una opción como planear un viaje al campo o a la playa. El lugar está parcialmente restringido y controlado por las autoridades nacionales, que planean abrir el acceso al público luego de ejecutar un proceso de recuperación. Para llegar a la isla, se debe a travesar en lancha o peñero las contaminadas aguas del lago, partiendo desde la Bahía de Puerta Negra, ubicada en la costa lacustre del municipio Zamora, desde la Base Sucre de Maracay y los otros puertos existentes.

El recorrido dura aproximadamente 30 minutos y es placido en la mañana, puesto que el agua es tranquila y el viaje se disfruta más. Navegar en el lago en horas de la tarde podría resultar tormentoso, puesto que las aguas del lago se tornan rebeldes, salpican a los ocupantes de las lanchas y hacen lento el trayecto.

Al llegar a la isla, que en la actualidad es frecuentada por militares, guardacostas y encargados, las embarcaciones atracan en el único muelle disponible. Para iniciar un recorrido, se debe disponer de buena condición física y considerar la ropa fresca y la hidratación, en vista de que hay gran cantidad de subidas y bajadas. Hay que tener cuidado con las alimañas y mantenerse acompañado de un guía.

MAPA DE LA ISLA


PROYECTOS DE RECUPERACIÓN

Durante los dos últimos años, el Ministerio de Turismo ha realizado gestiones para convertir la Isla del Burro, en un complejo recreacional y socio-productivo, a través del rescate de su histórica cárcel que funcionará como museo. El proyecto – cuyo estado de la ejecución se desconoce- contempla la construcción de caminerías, muelles y la restauración de algunas áreas que podrían servir como posada.

La activación del tránsito comercial de lanchas hacia la isla, forma parte vital del plan que busca preservar y promover la memoria histórica radicada en las instalaciones de la prisión y resaltar las bellezas naturales del lago. Destaca el hecho de que el principal reto que enfrentan las instancias involucradas en el plan turístico, es la contaminación del Lago de Valencia.

Isla del Burro

Isla del Burro

Considerando el hecho de que las condiciones del agua podrían comprometer la vialidad del proyecto, se encuentra en ejecución el Proyecto de Saneamiento y Control del Lago de Valencia que adelanta Hidrocentro, el cual consiste en la construcción sucesiva de colectores marginales alrededor de los 22 afluentes del lago, que incorporarán los caudales de aguas servidas a unas tuberías para desviarlas hacia unas plantas de tratamiento.

En cuanto al suministro de agua potable en la Isla del Burro, se conoció que el lugar cuenta con el vital líquido desde hace 8 años, gracias la conexión del Sistema Regional del Centro que está a cargo de la empresa hidrológica.

LA TRISTE HISTORIA DEL BARCO VALENCIA II

Otro mito desconocido que acompaña de forma silente a las historias de la

Barco Valencia

Barco Valencia

Isla del Burro, es el del barco Valencia II. Fabricado en Hamburgo, Alemania, llegó al Lago de Valencia en circunstancias desconocidas en el año de 1923 y fue puesto en funcionamiento para transportar productos entre las poblaciones ribereñas a la cuenca, cuando las carreteras hacia Maracay y otras capitales cercanas no existían.

El barco que funcionaba a vapor, llevaba las mercancías hacia La Cabrera, donde eran transbordadas a un ferrocarril proveniente de La Guaira y Puerto Cabello, para llevar los rubros a diversas partes Venezuela y el extranjero. La embarcación estuvo anclada desde hace cinco décadas en Puntica de Yuma y pasó a servir de muelle para las lanchas durante varios años, hasta su colapso y posterior hundimiento, que probablemente se produjo por falta de una bomba de achique.

El Valencia II, nombrado así en honor a la capital carabobeña, se encuentra parcialmente sumergido en las orillas del lago, ubicadas en el sector Bahía Paraíso, donde se puede ver lo que queda de su estructura deteriorarse por los efectos del agua y el sol, que igual a las autoridades, son indiferentes a la carga histórica del navío, que expira tristemente porque en algunos años nadie lo recordará.

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